FALLINGWATER HOUSE

Por 14:22:00

Hoy viajamos hasta Estados Unidos para recorrer una de las obras que marcaron un antes y un después en mi carrera de arquitectura. La Fallingwater House o Casa de la Cascada es la obra residencial por excelencia del siglo XX creada por el gran maestro de la arquitectura: Frank Lloyd Wright. 
Siendo precursor de la Arquitectura Orgánica, iniciador del movimiento Prairie School y desarrollador del concepto Usoniano de la Vivienda Wright es, sin dudas, un innovador. Especialista en temas residenciales no deja detalle librado al azar en sus creaciones.
Por una de esas bendiciones de la vida, o mejor dicho, por la bendición de tener dos tías increíbles (Mónica y Adriane) que me permitieron realizar un viaje maravilloso, tuve la oportunidad de recorrer esta obra en primera persona y digo, francamente, que no existe creación igual sobre la tierra.



Diseñada entre 1934 y 1935, y construida durante los años 1936 y 1937 en Pensilvania para la familia Kauffman, Fallingwater sigue los principios de arquitectura orgánica que, básicamente, consiste en integrar en una unidad los factores ambientales del lugar, el uso y función, los materiales nativos, el proceso de construcción y el ser humano o cliente. Un concepto que creo todos los arquitectos deberíamos tener en cuenta en nuestros diseños. Tomando esto como punto de partida, la casa se levanta literalmente sobre una cascada y es una muestra clara de la arquitectura naturalista que procura integrar la edificación con el paisaje natural y hacer que la obra se convierta en un elemento de más del entorno, en plena armonía con el mismo y el paso del tiempo.

La Casa de la Cascada esta formada principalmente por la superposición de planos horizontales que vienen enfatizados por grandiosos aleros y terrazas. Encontrando como contrapunto a esto aparece un elemento marcado por dos planos verticales que corresponden a la chimenea, alrededor de la cual Wright resolvió el diseño de la casa. La diferencia entre horizontal y vertical es remarcada por el uso de un material u otro, lo que le confiere una apariencia blanda y ligera a los planos horizontales, mientras que los verticales aparecen más duros y pesados.





Los cimientos son las rocas del lugar, incluso algunas de ellas sobrepasan la primera planta asomándose junto a la chimenea. Desde un principio la casa fue pensada en un vínculo constante con la cascada, el sonido de agua es omnipresente en todos los ambientes (se me hace imposible transmitirles con palabras las sensaciones que produce ese constante "ruido" a agua, es verdaderamente fascinante) y, aunque la misma es invisible, con la aparición de dichas piedras se logra en cierta manera traer también físicamente la cascada al interior.

La planta baja está compuesta por una pequeña sala o recibidor, una pequeña cocina y el gran salón y ambiente principal que ocupa casi la totalidad de la superficie. Este espacio es concebido junto con el espacio del fuego (propio de las viviendas de Wright). El ambiente goza de las vistas más completas de la cascada, aspecto que se ve favorecido por el uso de amplias puertas y ventanas de vidrio transparente; lo cual permite al mismo tiempo una entrada constante de luz. La parte baja de estos grandes ventanales ha sido ocupada por grandes sillones diseñados también por el arquitecto, que incitan a contemplar el paisaje exterior. De este modo Wright no solo piensa los espacios, sino que además piensa como deben ser vividos, obligando al ocupante a recorrerlos de la forma en que fue concebidos.





El diseño de los muebles que encontramos también es obra del arquitecto. Todo está estratégicamente pensado, cada elemento es diseñado para ser colocado un lugar determinado. Incluso, los servicios de calefacción por ejemplo, están integrados al mobiliario de modo que nada puede ser reemplazado, todo tiene un sentido de ser, estar y existir. Esto convierte a Wright en uno de los arquitectos y diseñadores más completos de la época.








En este ambiente encontramos un vínculo directo con la cascada conseguido mediante unas escaleras que bajan a una piscina creada sobre la misma. Éstas escaleras están cubiertas por unos ventanales transparentes que permiten una comunicación visual constante entre ambos espacios.

       

En la primer planta encontramos tres de los cuatro dormitorios con los que cuenta la vivienda, todos con sus respectivas terrazas. El de la madre, el cual tiene una de las vistas más privilegiadas, el del padre y el de invitados. Todos se encuentran a la misma altura, pero Wright crea un juego a partir de las escaleras. Hay que subir unas escaleras u otras, en función de las habitaciones a las que se desee acceder. De esta forma se desorienta al individuo que, una vez que accede a un dormitorio, olvida completamente la proximidad al otro, aumentando de esta forma el grado de privacidad.

En la segunda planta se encuentra la habitación del hijo, a la cual sea se llega tras atravesar una galería. La misma también goza de una amplia terraza pero cuyas vistas son mas limitadas debido a un gran alero. La habitación se comunica con la terraza del padre mediante una escalera y, a pesar de ser la habitación más pequeña, esta definida por los mismos espacios que las demás: una zona de chimenea, estudio y guardarropa. 

Las habitaciones están ampliamente iluminadas por ventanales los cuales en muchos casos no tienen marcos en las esquinas, con esto se logra desdibujar las aristas, recurso que el arquitecto utilizó para conseguir una ruptura del concepto espacial de cubo, se desdibujan los limites enfatizando así la conexión del individuo con el exterior. 
Al igual que en el salón los muebles son diseñados a medida. Podemos observar por ejemplo, el escritorio de la habitación del padre que tiene calado el espacio para el giro de la ventana de modo tal que no puede ser reemplazado por otro que no sea ese.









Las circulaciones dentro de la casa son oscuras, son pasillos estrechos para que los habitantes tengan una sensación de encierro en comparación con lo abierto de los ambientes principales que siempre se acercan y vinculan con el exterior. Los techos de las habitaciones son bajos con el fin de dirigir la mirada hacia afuera. En los interiores se refuerza siempre la horizontalidad, dejando el sentido vertical únicamente para la gran protagonista del lugar, la cascada. 
La belleza de estos espacios se encuentra en sus extensiones hacia la naturaleza. Largas terrazas en voladizo proyectadas hacia afuera en ángulos rectos, aportan un elemento de escultura a la casa, aparte de su función.

 

Luego de inaugurada la casa, quedó claro que la habitación de huéspedes en el segundo nivel resultaría insuficiente para los frecuentes visitantes, por lo que se encomendó a Wright construir una segunda casa un poco más arriba que la casa principal. Ésta se halla conectada por una escalinata semicircular cuyo techo se pliega conforme se va ascendiendo en el terreno. El sector cuenta además, con su propia piscina. 






Bueno y para terminar y dejar un poco de lado la formalidad les dejo dos fotos. Una mía, con una emoción y felicidad inexplicable por haber tenido el privilegio de vivir esa experiencia. La foto esta tomada en la terraza que corresponde a la habitación del hijo. Atrás se ve la terraza perteneciente al cuarto de la madre y mas abajo la que corresponder al estar. Y otra con las personas con las que tuve el placer de compartir este viaje increíble y a quienes estaré eternamente agradecida.






Fotos: Propias
Fuente: Plataforma Arquitectura

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